En los últimos años, las monedas conmemorativas de 2 euros han dejado de ser simples objetos de colección para convertirse en una fuente de ingresos significativa para muchos países de la eurozona. Lo que comenzó como una práctica común entre microestados como Mónaco, San Marino o el Vaticano, ahora ha sido adoptado por naciones de mayor tamaño, incluyendo a Finlandia, que recientemente ha intensificado su participación en este lucrativo mercado.